Sinopsis
La obra que tiene usted delante consta de tres textos que se comunican entre sí, haciéndose uno, desde una particular lectura de los cuerpos que, por una u otra razón, y en diversas dimensiones, se habrían mantenido casi hasta nuestros días, fuera de las coberturas institucionales y reglamentadas sobre la salud de los trabajadores y los empleados públicos. Los cuerpos del maestro y la maestra de primeras letras, los jornaleros y criados del campo e incluso ese cuerpo tan resbaladizo y utilizado como es el del soldado o el marino de guerra.
Posiblemente, porque han sido cuerpos leídos más allá o más acá de lo “social”, como marca del espacio/tiempo en el que, interesadamente, se instalan los dispositivos modernos sobre la salud de los trabajadores, aunando intereses de productividad socioeconómica con los de aminoración de potentes reivindicaciones obreristas. En este panorama siempre existieron cuerpos que por diversas razones se escapaban de los fantasmas que atenazaban a las clases detentadoras del poder o, simplemente, constituían colectivos socioprofresionales que claramente funcionaron como correa de transmisión o de ejecución de ese mismo poder o, simplemente, como pudo ocurrir con los jornaleros y trabajadores del campo, eran, como decía Columela y nos recordó Delibes, «útiles que hablan». En suma, cuerpos no peligrosos o, al menos, no tan peligrosos como los obreros fabriles que, a partir del XIX, exigen desde la palabra la plena ciudadanía.
En el caso del soldado y el marino de guerra, probablemente nos encontramos con un panorama paradójico en el que se dan de la mano componentes de productividad sociomilitar y política cercanas a las que inspiraron a Roma en sus estrategias de cobertura médico/asistencial para legionarios, marinos y gladiadores y, por otra, su desvinculación legal/administrativa de lo que ya, desde la segunda mitad del Ochocientos, se iría organizando como preocupaciones y procedimientos para aminorar los «naturales quebrantos» en la salud de los ejércitos más allá, del «hierro y el fuego» enemigo, haciendo de la cultura sanitarista militar –incluida la española–, por una parte, una especia de adelantada en muchas de sus actuaciones operativas a la civil, y por otra, manifestando patentes ausencias en el afianzamiento de una cultura preventiva integral, continúa y machaconamente supeditada al «ardor guerrero» o, simplemente, a la estética militar, como sería el caso de una pieza de protección tan importante como el casco de acero, que solamente se hizo reglamentario en los contingentes de tierra con la legislación promovida por el ministro Don Manuel Azaña en 1931 o incluso en la actualidad, parece que en ocasiones no utilizando en sus maniobras, dispositivos o preventivos –médicos, ambulancias– rigurosamente utilizados en los espectáculos taurinos y festivos en la mayoría de pueblos de España.
Rafael de Francisco López
Rafael de Francisco López (Valladolid, 1942) es sociólogo, con una formación académica en CEISA (Madrid) EHESS (París) Instituto de EE. Políticos (Madrid), Escuela de Sociología (Madrid) y Facultad de CC. PP. y Sociología (UCM). Su actuación profesional se ha centrado casi exclusivamente en el campo de la aplicabilidad de la sociología y la psicología social en diversas regiones temáticas, como los estudios de opinión y de mercado, para dedicarse durante siete años a la sociología política, con funciones de asesoría y alta gestión directiva en el Ministerio del Interior del Gobierno de España. En los últimos diez años de su vida profesional se ha dedicado a la salud laboral y la gestión de la prevención de riesgos y enfermedades profesionales. Aunque siempre fronterizo y ladeado con la academia sociológica, ha ejercido como profesor de sociología y psicología social en la Escuela de Funcionarios de Prisiones, Escuela de la Policía Municipal, Escuela Nacional de Medicina del Trabajo y Universidad Carlos III, todas en Madrid. Está en posesión de diversas condecoraciones y distinciones civiles, policiales y militares, como el Diploma de Distinción Profesional otorgado por el Colegio Nacional de Doctores y Licenciados en CC. PP. y Sociología y la Gran Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco.





